Las Estancias Jesuíticas formaron parte de un gran proyecto de producción destinado a sostener las instituciones religiosas y educativas de Córdoba que había dado vida la Compañía de Jesús Orden religiosa fundada por San Ignacio de Loyola,  nacido en 1491, bajo el lema "Para mayor gloria de Dios" con el cual lucharía por la educación de la juventud y las misiones evangelizadoras en los nuevos territorios conquistados.  

Desde entonces, la Orden de San Ignacio de Loyola, radicada en estas tierras en 1599 y expulsada en 1767, sería conocida por el prestigio académico de sus colegios y universidades. Incluso, la Universidad Nacional de Córdoba, primera casa de altos estudios de Argentina, debe sus orígenes al primer cuarto del siglo XVII, cuando los jesuitas abrieron en Córdoba el Colegio Máximo, donde los alumnos, en particular religiosos de esa orden, recibían clases de filosofía y teología.

Al valor pedagógico de la obra, reconocida internacionalmente desde hace 5 años, cabe agregar el valor arquitectónico de las edificaciones legadas por los jesuitas, "quienes nos han dejado algunas de las más bellas obras de arquitectura colonial del país", según se asegura la Guía de Arquitectura de Córdoba editada en 1996 por las ciudades de Córdoba y Sevilla.

Los autores Marina Waisman, Juana Bustamante y Gustavo Ceballos, enseñan en esa obra que las estancias responden al tipo de conjunto monástico instaurado durante siglos en Europa y luego trasladado a América: una iglesia, cementerio contiguo, claustros para residencia de los monjes y para talleres y vivienda de indígenas.

"Las emparenta el ingenio y la capacidad de sus autores para adaptar las soluciones europeas a las condiciones tecnológicas y ambientales locales, de lo que han resultado obras de gran originalidad"
 
Santa Catalina
La Guía de Arquitectura de Córdoba hace una valoración para tener en cuenta: "Pero quizás el efecto más impactante y sugestivo se produce cuando, al transitar por un camino despoblado se descubren de pronto, elevándose por sobre la salvaje vegetación, las esbeltas torres de Santa Catalina coronadas por germánicos cupulines acebollados.

Se experimenta entonces el asombro ante la grandiosidad de la aventura de aquellos monjes y la locura de su empresa, se puede intuir la fe y la energía que debieron impulsarlos a crear civilización en medio del desierto. Santa Catalina, con su iglesia de origen sur alemán y sus claustros italianos, con sus talleres en ruda mampostería de piedra, es sin dudas una de las más valiosas joyas de la arquitectura colonial de este país".

Santa Catalina fue fundada en 1622, en el mismo año que la actual Universidad Nacional de Córdoba, y es la más grande de todas las estancias jesuíticas declaradas Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Tuvo miles de cabezas de ganado vacuno, ovino y mular además de su producción textil y del obraje de herrería, carpintería y sus dos molinos.

Comprende una iglesia de imponente fachada barroca, una residencia con tres patios y locales anexos, las ruinas del noviciado, la ranchería con habitaciones para esclavos, el tajamar alimentado por aguas subterráneas provenientes de Ongamira, y restos de acequias y molinos.

Es sin dudas la obra más impresionante de que nos han dejado los jesuitas radicados en estas tierras.
 
Estancia de Jesús María
La Estancia Jesús María data de 1618, siendo el segundo núcleo del sistema productivo organizado por la Compañía de Jesús.

Implantó la vitivinicultura en estas tierras de tal manera que aún hoy la zona se caracteriza por sus bodegas, logrando vinos con personalidad propia.

El lugar incluye la iglesia, la residencia y la bodega, los restos de los antiguos molinos, el perchel y el tajamar.

La iglesia, de nave única abovedada posee un exterior bellamente sobrio, con una destacada cúpula central, ornamentada con interesantes relieves, y con una elegante espadaña de piedra que puede admirarse junto a la sacristía.

Además del templo hay una residencia cuyo patio principal se encuentra bordeado por dos galerías de planta baja y alta, con entrepiso de bóvedas y techo superior de cabreadas.

Actualmente es el edificio portador del Museo Nacional que permite admirar distintas colecciones de elementos de época, documentos y objetos artísticos.

Para llegar se deben transitar 48 kilómetros al norte de Córdoba, por la Ruta 9 N.
 
Estancia de Caroya
A pocos kilómetros de la anterior podrá conocerse el primer establecimiento productivo rural de la Compañía de Jesús: la Estación Caroya, creada en 1616.

Desde 1854 la propiedad fue del gobierno nacional.

En el primer período fue una casa de vacaciones para los alumnos del Colegio de Monserrat, de Córdoba, muchos de los cuales provenían de los actuales países vecinos de Argentina atraídos por la ya prestigiosa Universidad de Córdoba. Posteriormente, la casa se convirtió en Fábrica de Armas Blancas de la Guerra de la Independencia (1814-1816) y Posta del camino Real para el ejército del Norte. Finalmente, el gobierno nacional a partir de 1878, dispuso que la antigua estancia sirviera de asentamiento a una colonia agrícola. Actualmente se ha instalado allí el Museo del Inmigrante, pero también da testimonio de la fábrica de armas.

La Casa mantiene una estructura colonial con su gran patio central rodeado de arquería. A él se penetra, ya sea por una entrada lateral para carruajes, o por una especie de " patio de honor", sobre elevado con dos cuerpos salientes que lo enmarcan.
 
Estancia La Candelaria:
Se organizó en 1683. Tiene una capilla, la residencia y los locales anexos, ruinas de una ranchería, corrales, restos del tajamar, molino y acequias.

Su tipología la ubica entre medio de un fortín y una residencia con santuario. Está a 220 kilómetros de la ciudad por la Ruta Nacional Nº 38 y a 73 kilómetros de Cruz del Eje.
 

 

 

Estancia de Alta Gracia:
Esta estancia data de 1643. Ahora es la iglesia parroquial de la ciudad y en la residencia funciona el Museo Nacional “Casa del Virrey Liniers”.

Se destaca el famoso tajamar. Tuvo producción textil, aunque la agricultura y la ganadería hayan sido la especialidad de la casa. Incluye una iglesia con fachada barroca, residencia con sus patios y locales anexos, el obraje, ruinas del molino, horno y acequias. Se ubica en e corazón de la ciudad, a 36 kilómetros de Córdoba por la ruta provincial Nº

5. La Manzana Jesuítica de Córdoba
Iglesia de la Compañía de Jesús ( 1640 – 1676)
La austeridad de la fachada contrasta con la rica ornamentación del interior del templo.

Esta construido en forma de cruz latina con una capilla a cada lado.

Se destaca la bóveda construida en forma de quilla invertida, el friso de las empresas sacras, el retablo y el púlpito trabajado con la técnica del dorado a la hoja.

Capilla Doméstica ( 1644 – 1668)
Esta capilla de uso privado de los jesuitas es un fiel representante de la exquisitez estética en equilibrio con la precisión de ingeniería. Su cubierta, al igual que la del templo principal y el retablo del periodo jesuítico, permiten apreciar en su máximo esplendor el barroco americano.

La Universidad Nacional de Córdoba
El edificio que constaba originalmente de una sola planta corresponde a la tipología del convento urbano.

El patio mayor fue a su vez el primer jardín botánico. Ampliamente reformado a lo largo de los siglos, el 2000 lo enfrentó a la última intervención.

El Colegio Nacional del Monserrat
Este edificio, al igual que el de la Universidad, consta de un gran patio.

En 1927 se reforma el edificio, modificando el patio y agregando la torre de reloj, hoy símbolo del Colegio en base al proyecto del arquitecto Jaime Roca en el Lenguaje neo plateresco.

El Museo Histórico de la Universidad
Hoy el edificio alberga al Museo Histórico de la Universidad Nacional de Córdoba, inaugurado el 8 de diciembre del 2000. 

Los visitantes, al recorrer sus claustros y salas abovedadas, podrán maravillarse con la voluminosa librería jesuítica, apreciando las diversas ramas del saber de aquellos tiempos y valorando los minuciosos trabajos de imprenta, donde se podrá encontrar en los documentos del archivo general histórico de la universidad testimonios de hechos y sucesos que escribieron nuestra historia.

En el Salón de Grados se podrá conocer las costumbres y las ceremonias académicas que tuvieron lugar en la universidad desde el período colonial.

   
 
 
 
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